En el Amor, el tiempo se disuelve. Es un amor que embelesa sin embelesador ni embelesado. Es puro arrobamiento.
Todo es en un orden infinito donde el espacio conocido y lo por conocer se funden. Vivir es simplemente ser, sin la presencia de un "quién", sin parcialidades ni distinciones entre "eso" o "aquello".
Todo es en lo que es y reside en su propia esencia; cada creación emerge desde lo innato, donde se gesta el deseo y el movimiento profundo, origen de toda manifestación.
Podríamos describir este estado, si estado fuera, como de dicha o de éxtasis, aunque, quizás, en ambos aún persista la noción de un "alguien" o un "quién".
Aquí, al personificarnos en el espacio-tiempo, surge la nostalgia al reconocernos como seres creados, fruto del deseo y movimiento espontaneo y primigenio.
Ese vivir no tiene principio ni fin, es siempre el mismo y nunca es igual, permanece invariable ante la constante variabilidad de lo efímero y terminable.
Es algo incomparable, vive y no necesita un
sentido ni tiene un porqué. Esas preguntas sólo están en nuestro transitar por la existencia, no en lo que es.
Vivir es esa totalidad, y a ello puede ser llamado lo Sinfín.
Así, lo que creemos ser ha fabricado un "mí". Desde esta construcción, percibimos un "tu" externo, diferenciado de la concepción del “mi” que hemos edificado. A ese "mi" construido, con el que nos identificamos por creer que lo somos, le hemos otorgado el valor de una entidad.
Esta entidad se experimenta como una existencia independiente de su entorno y con contenidos diversos. Opera desde la acepción de que eso es lo que somos al identificarnos con ella.
Una
cosa es creerse a sí misma como individualidad separada respecto a su contorno y
vivirse como una entidad diferenciada de los demás.
Otra cosa es aquello que nos es común, la base que permite la fabricación, formulación y existencia de las creencias hasta su disolución. Esta armonía que subyace en lo que nos es común, prevalece sin distinciones desde antes y más allá de las creencias, y por ello se le denomina Identidad porque permanece idéntico ante la variabilidad temporal.
Lo que nos es común se podría expresar también como "la
unicidad de lo existente".
Distinguimos pues:
- Que la entidad es cambiante en el tiempo, en un proceso constante de transformación. La Identidad, en cambio, no lo es.
- La entidad es fabricada y tiene existencia. La Identidad, por el contrario, no es fabricada y se distingue de la creación misma.
- La entidad se auto-percibe como si fuera un algo que es. La Identidad, sin embargo, lo reconoce, lo traspasa, lo permea y lo deja libre a su aparente elección en su campo de conocimiento temporal.
- La entidad se construye y edifica a partir de lo que se cree y, a la vez, creemos ser por identificación. La Identidad no tiene creencias.
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