EL AMOR / LO VITAL / EL IMPULSO DEL FONDO/ UN NUEVO PARADIGMA RESPECTO LO HABITUAL CONCEBIDO.
SOBRE EL CUESTIONAMIENTO DE LA VIDA. LA VIDA COMO MANIFESTACIÓN DINÁMICA. EL DESEO, EL MOVIMIENTO VITAL Y SU ORIGEN.
En el Amor, el tiempo se disuelve. Es un amor que embelesa sin embelesador ni embelesado. Es puro arrobamiento.
Todo es en un orden infinito donde el espacio conocido y lo por conocer se funden. Vivir es simplemente ser, sin la presencia de un "quién", sin parcialidades ni distinciones entre "eso" o "aquello".
Todo es en lo que es y reside en su propia esencia; cada creación emerge desde lo innato, donde se gesta el deseo y el movimiento profundo, origen de toda manifestación.
Podríamos describir este estado, si estado fuera, como de dicha o de éxtasis, aunque, quizás, en ambos aún persista la noción de un "alguien" o un "quién".
Aquí, al personificarnos en el espacio-tiempo, surge la nostalgia al reconocernos como seres creados, fruto del deseo y movimiento espontaneo y primigenio.
El Amor está presente en todas partes, lo permea todo, aunque no lo veamos, es como el aire que respiramos: indispensable, omnipresente pero inadvertido. Está en cada respiración, en cada latido, y sin embargo no podemos verlo. Se encuentra en los estados existenciales más sombríos sin verse afectado por ellos, como el sufrimiento, el dolor, la soledad, el miedo... (incluso cuando esos estados no lo perciban); y de igual modo, se encuentra en la alegría, el gozo, la plenitud…. sin identificarse ni depender de esas emociones. Su esencia trasciende el significado y contenido de estas palabras, así como de todo dualismo emocional.
Nombrar implica delimitar y este Amor carece de nombre propio, pues trasciende cualquier denominación. Está imperceptiblemente en la vibración misma de las palabras y perdura en lo imperecedero.
EL AMOR COMO LIBERTAD. COMO REVELACION DE SI MISMO EN LO MANIFESTADO.
El Amor vive y deja vivir en todo instante. Esta libertad no es indiferencia, sino apertura: otorga libertad al Ser humano para optar y elegir según los criterios de su discernimiento desde su propio marco de comprensión.
A través de esa libertad, el ser humano construye conceptos, elige caminos, y ejerce la posibilidad de autoformarse desplegándose así ante cualquier toma de conceptos y decisiones, hasta posibilitar el encuentro con la autenticidad interior, que se revela cuando el sujeto deja de identificarse con sus propias construcciones al ser desveladas.
Está
en todas las formas de amar, pero el Amor no interfiere. Está ahí desde siempre, como
eternidad que es.
No abre ni cierra puertas, ni tampoco sube o baja persianas, aunque nosotros podamos hacerlo con los demás. Esa es una elección individual, que define el accionar de cada persona a partir de su autocomprensión.
En lo
manifestado, el Amor, se presenta en la temporalidad: ocurre aquí y ahora, con inicio
y final aparentes; en lo no manifestado, es permanente sin los cambios de la temporalidad. Lo
que percibimos como "aparentes lugares en el tiempo" son abarcados y
englobados en lo innominado de ser.
El acto de crear revela el Amor. Crear es hacer visible lo invisible, es un revelado de lo invisible que ya era, pues ya estaba ahí sin ser visto. El Amor se revela a través de cada forma, cada palabra y cada gesto. Por eso "Cada instante es una oportunidad" para el ser humano, en el sentido de que conscientemente, pueda percibir lo invisible y sentir que el Amor se manifiesta a través de él.
Lo que
nos identificamos con lo pasajero y transitorio: -los roles, las mascaras, las programaciones, etc. - tarde o temprano, se desvanece o disuelve o
caduca en la medida en que dicha identificación concluye. Lo que, por
inadvertencia, hemos obviado de ser, sigue como movimiento de transcendencia, al que aquí, en este Blog lo denomino en el "Siempre del Sinfín".
Si
alguna vez lees estas palabras, recuerda que a cada instante el desafío sigue
en ti, lector, mientras sigas viviéndote en un “tú” como entidad separada.
Sintamos pues, que el Amor nos invita a trascender esa separación, no desde la negación de lo humano, sino desde su integración en una visión más amplia de ser, al descubrir lo que subyace en cada campo universal en que todo está conectado. Así, cada instante podrá ser vivido como una posibilidad de revelación.
Una visión de la Creación.
En toda tradición, la pregunta por el origen de lo que es y de cómo lo que es llega a manifestarse, ha ocupado un lugar central. En lo que estás leyendo, se propone una reflexión sobre lo que aquí se denomina el Impulso del Fondo, entendido como la fuerza originaria de todo movimiento, cambio y creación. Desde una mirada que articula enfoques fenomenológicos y ontológicos, se explora cómo ese Fondo no nacido se refleja en lo creado mediante el símbolo del espejo.
Todo movimiento de cambio y transformación, todo acontecer en el mundo manifestado, es impulsado por una fuerza originaria que podríamos denominar el Impulso del Fondo. Esta noción remite a una realidad originaria, anterior al tiempo y a la distinción entre sujeto y objeto. Este Impulso emana de un Fondo que no es nacido y sin causa previa, pero que desde él surge toda creación en forma de una armonía que aquí se expresa como "melodía" del Fondo que guía sin imponer.
En consecuencia, toda estructura, forma o sistema existente, se deviene moldeada por aquello que proviene del Fondo. En él, hay un origen no nacido (su origen es en la Eternidad) para todo lo que existe como creación; todo es en sí mismo sin una causa anterior. Simplemente es un fondo que emana sin principio, donde todo es sin un origen que lo antecede y sin una causa detrás.
Al compás de esta “melodía”, se van revelando las creaciones con sus fenómenos, desplegándose en un orden y una simplicidad que todo lo permea. Decir tiene, que todo lo que se va manifestando, aunque pleno en su despliegue, resulta finito ante la inmensidad de lo ilimitado.
Vivir eso, sin confines, trasciende cualquier denominación; sin embargo permanece inmanente en cada acto de creación. Así, lo eterno se deja entrever en lo temporal.
De ahí que, si quisiéramos aprehender lo llamado "el Todo" a través de conceptos, por los contenidos de lo que es creado, lo reducimos a un esquema finito. Todo pensamiento que delimita, incluso con intención de abarcar, fragmenta. Pero al trascender los límites del pensamiento, abandonando el constructo de ideas y conceptos, descubrimos un todo infinito inabarcable no nacido, del cual, toda forma delimitada emerge, cual reflejo en un espejo a imagen y semejanza en versión tiempo, espacio, gravedad, forma y medida con sus campos, leyes y programaciones de expresión.
Este Espejo es la figura simbólica que permite comprender cómo lo llamado "Absoluto" se hace visible sin dejar de ser infinito. Es el espejo en que se refleja:
- a el umbral donde lo infinito se hace o se manifiesta como finito, perceptible en la creación.
- b el ámbito donde lo innumerable se presenta como número hasta el límite del que cuenta.
- c el espacio donde lo inimaginable se puede volver posible,
- d el lienzo donde lo increado se deviene creación. Y es desde esta urdimbre creada, que se puede nombrar a lo más allá como "lo Absoluto", o con otros nombres culturales según las tradiciones han tejido a lo largo de la historia.
Así, el espejo no es una cosa, sino un acto de reflejo, un punto de contacto entre lo Absoluto y lo creado. En este sentido, toda creación es un reflejo parcial y transitorio de lo eterno, como lo señala también la tradición neoplatónica.
Como se ha indicado en reflexiones anteriores, en este "algo" esencial, ese “aquí” primordial, no hay ciclos (amanecer / atardecer), es decir, no hay secuencia temporal ni alternancia de opuestos; ni, diría, propósito alguno o al menos perceptible.
En lo que no tiene origen: lo ingénito, no hay devenir ni historia, simplemente se és.
Para acabar esta entrada simplemente es dejarse ser en lugar de controlar o definir, es orientarse hacia una actitud de escucha, de apertura hacia lo que siempre ha estado ahí, sin nombre y sin forma, pero que se revela a cada instante, aunque se nos pase desapercibido.
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