EXPRESIONES DE UN VIVIR

UN NUEVO PARADIGMA PARA UN CAMBIO PROFUNDO Y FUNDAMENTAL QUE INTRODUCE UNA NUEVA PERSPECTIVA RESPECTO A LO HABITUAL CONCEBIDO COMO CONDICIÓN HUMANA.



Cambiando de paradigma la paradoja encaja


La vida como manifestación de una unidad anterior al tiempo.

Superar la ilusión de la separación


La filosofía, desde sus inicios, ha buscado desentrañar la naturaleza última de la realidad. Frente a la experiencia fragmentaria del mundo, algunos pensadores han afirmado que toda forma visible es apenas la expresión temporal de una unidad invisible y permanente. Esta perspectiva, invita a comprender la vida no como una suma de entidades separadas, sino como el despliegue de un orden profundo.


La percepción ordinaria opera mediante la división: sujeto y objeto, interior y exterior. Sin embargo, al trascender esta mirada dual, se revela la vida como expresión de una realidad anterior al espacio y al tiempo, que subyace a toda forma como una totalidad originaria. Plotino sostiene que “todo está en todo de una manera que no es confusión sino unidad”, afirmando que la multiplicidad es una emanación desde lo Uno. A tenor de esta visión, se disuelven las divisiones, los sesgos y la ilusión de separación. La aparente separación no es más que el resultado de la mirada fragmentada.


La forma como expresión del todo

La naturaleza ofrece un orden que no es externo, sino interno a cada una de sus partes. Se revela como una repetición de patrones, una armonía interna que da unidad a la diversidad. La noción de fractalidad y principio holográfico -en el que cada parte contiene la información del todo- tiene un eco claro en que cada forma finita es una expresión de lo infinito que se manifiesta. Es un todo subyacente como unidad originaria de múltiples variaciones. Cada contenido finito es, entonces, una expresión de lo infinito, que se despliega sin fragmentarse. Esta idea disuelve la distancia entre lo absoluto y lo relativo, entre lo que es y lo fenoménico. Así, en cada parte, es reflejado el todo del que emana, formando los contenidos de ese "algo que ya es".


El orden implicado y la totalidad en movimiento
Desde la física cuántica, David Bohm propuso la noción de orden implicado, según la cual la realidad visible emerge desde un fondo no manifiesto, en el que toda parte contiene la información del todo. “Cada región del espacio contiene la estructura del conjunto”, escribe en Wholeness and the Implicate Order (1980). El mundo fenoménico no es independiente, sino una proyección de una totalidad dinámica, en constante transformación, sin pérdida de coherencia. Esta visión científica converge sorprendentemente con vías filosóficas ancestrales.


El Tao como origen no manifestado

Lao Tsé, en el Tao Te Ching, describe una realidad anterior a toda forma y nombre: “El Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno”. El Tao es la fuente inmanente de todo lo que existe, pero no puede ser aprehendido por el pensamiento. Desde esta visión, cada ser es una expresión del Tao, que fluye sin oposición ni separación. Lao Tsé enseña: “Todas las cosas bajo el cielo han nacido del ser y el ser ha nacido del no-ser” (Tao Te Ching, cap. 40), reconociendo una realidad aún más profunda de todo lo conocido, como matriz de toda manifestación. Aquí, la unidad no es conceptual, sino vivida en la aceptación del fluir natural.


Si toda vida es manifestación de una unidad previa, entonces la separación es un artificio de la percepción. Esta idea, sostenida por filósofos antiguos, científicos y sabios orientales, revela que cada forma contiene, expresa y participa del todo. Ese ver, transforma no solo la comprensión del mundo, sino la forma de habitarlo: vivir desde la unidad es vivir sin oposición, sin dominio, sin temor. Es recordar que no estamos en el todo, sino que somos el todo manifestándose como “nosotros”.

Gracias Raquel
Publicado martes 20.05.25
Escrito martes 20.05.25 a las 04h 44'



En el Ser no hay posibilidad de no ser.
Es algo simple. No hay dos.
Siempre es, con y sin existir, con y sin creaciones, con y sin contenidos.
Vive y el vivir es lo que mueve lo creado.


Descripción y aclaramientos recombinando significados de estas cuatro frases:


1 La Unidad del Ser. No hay dos.

La afirmación "En el Ser no hay posibilidad de no ser" apunta a una verdad metafísica fundamental: existe un fundamento de toda realidad que es necesariamente esencial e incondicionada. No es algo que pueda aparecer y desaparecer, el Ser no nace ni muere, no cambia ni se opone, sino que simplemente es. Filósofos de diversas épocas han intuido esta base inmutable.


Parménides lo citaba como "ingénito e indestructible" (Parménides, sobre la naturaleza, fr 8).


Baruch Spinoza, por ejemplo, en su obra Ética demostrada según el orden geométrico, concibió como una sustancia única, infinita y sin causa, de la cual todo lo demás emana. Él afirmó: "Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí; esto es, aquello cuyo concepto no necesita del concepto de otra cosa para formarse" (Spinoza, Etica, Parte I, Definición III). Esta sustancia no puede no ser, porque su existencia es su esencia misma.


De manera similar, en el Advaita Vedanta, una de las escuelas de pensamiento más influyentes de la India, el Brahamán se describe como la realidad última, eterna e inmutable; es la raíz de todo, un "ser" que nunca puede convertirse en "no ser". Esta simplicidad radical implica que el Ser no puede dividirse en sujeto y objeto, ni en creador y creación. Toda aparente separación emerge solo a nivel fenomenológico, no en la raíz de lo real.


2 De la dualidad a lo indivisible. Más allá del tiempo, siempre es.

El Ser no se encuentra en el tiempo, sino que lo funda. Su "estar siempre" es una presencia absoluta, libre de sucesión o cambio. Cuando se afirma que "No hay dos", se nos invita a trascender la ilusión de la separación que nuestras mentes, a menudo, construyen. Nuestra experiencia cotidiana nos muestra un mundo de objetos y seres distintos, pero la espiritualidad comparada revela que muchas tradiciones apuntan a una unidad subyacente.


En el budismo, el concepto de sunyata (vacuidad) no significa la nada, sino la ausencia de existencia intrínseca y separada de las cosas, revelando su interconexión. Nagarjuna afirma que el tiempo es dependiente del cambio, y el cambio de lo condicionado: el absoluto no se somete a esta lógica. De manera similar, el antiguo sabio chino Lao Tse, en el Tao Te Ching, describe el Tao como la fuente inefable e indivisible de todo, que precede y unifica la multiplicidad: "El nombre que puede ser nombrado no es el nombre eterno. Sin nombre, es el origen del Cielo y la Tierra; con nombre, es la Madre de las Diez Mil Cosas" (Lao Tse, Tao Te Ching, Capítulo l). Esta profunda enseñanza subraya cómo la verdadera realidad está más allá de las distinciones y categorizaciones, revelando una interconexión esencial.


Así mismo, en términos cuánticos, esta comprensión se refleja en la idea de un campo de potencialidad no-local del que emergen las partículas, una realidad que según David Bohm, "no está en el tiempo y el espacio, sino que los contiene implícitamente" (Wholeness and the Implicate Order, 1980). El Ser, entonces, es siempre; con o sin creación, con o sin forma, con o sin contenido.


La meditación, en su esencia, busca desmantelar la percepción fragmentada. Al observar los pensamientos y sensaciones sin apego, se comienza a ver cómo la supuesta "separación" entre el observador y lo observado se disuelve, abriendo la puerta a una vivencia directa de esta unidad.


3 La existencia como manifestación. El movimiento en lo creado como expresión de lo que es.

Aunque el Ser es absoluto y no dual, su manifestación adopta la forma de movimiento, multiplicidad y transformación. La frase "Siempre es, con y sin existir, con y sin creación, con y sin contenidos" señala una profunda paradoja: la realidad esencial es tanto el aparente vacío informe como la aparente plenitud de toda forma. Es lo que permanece cuando no hay "nada", y lo que anima a "todo".


Como describe Lao Tsé: "El Tao actúa sin hacer, y sin embargo no deja nada sin hacer" (Tao Te Ching, cap 37). El movimiento de lo creado -desde galaxias hasta pensamientos- expresan lo que es en términos de forma y relación.


En lenguaje contemporáneo, podríamos decir que el universo es un campo de energía estructurado por información implicada, donde cada fenómeno es una onda en el océano de lo real.


Esto nos lleva a la distinción entre lo manifestado y lo inmanifestado. Eckhart Tolle, un referente contemporáneo de la espiritualidad, describe esta cualidad en su obra El Poder del Ahora: "En el centro de tu ser hay un espacio de quietud que no se ve afectado por el mundo exterior, un espacio que permanece en silencio y en paz". Esta quietud es lo sin contenido, la fuente de la cual emergen todas la formas.


En la meditación, buscamos conectar con este espacio más allá del flujo constante de pensamientos y percepciones. Al soltar la identificación con los "contenidos" de nuestra mente (ideas, emociones, sensaciones), podemos experimentar lo que "es", una "vacuidad viva" de la que surge toda creación.


4 De la creación al silencio. La dinámica de la vida. Una mirada holística y cuántica.

Finalmente, la afirmación "Vive, y el vivir mueve lo creado" nos conecta con la vitalidad inherente de esta realidad primordial. Es "lo vivo" que se expresa dinámicamente. Es la fuerza que impulsa el universo, la energía vital que da vida a todo lo que existe. El filosofo y orador Jiddu Krishnamurti, a quien pude ver en tres ocasiones, a menudo hablaba de la "atención sin elección" como para vivir esta energía. El sugería: "El acto de observar es el acto de percibir la inmensidad de lo que es, sin la interferencia del observador" (Krishnamurti, La libertad primera y última).


Si me permiten expresar, cuando la mente se aquieta, y la división entre observador y observado se reduce al máximo, podemos percibir como un Amor, una Inteligencia y un Poder vivos fluye a través de todo, desde el movimiento de las galaxias hasta el latido de nuestro corazón. No es una acción predeterminada, sino un movimiento natural, una danza inherente a la naturaleza misma del Ser que se manifiesta en la totalidad de la creación.


La visión fragmentaria -que separa mente y materia, individuo y cosmos- ha sido cuestionada tanto por las filosofías tradicionales como por enfoques actuales de la ciencia. Como se ha dicho anteriormente, David Bohm propone una "totalidad indivisa en movimiento" donde lo mental y lo físico son aspectos de un mismo proceso.


En paralelo, la física cuántica ha mostrado que el observador y lo observado no están separados: el acto de observar modifica lo aparente real. Esta comprensión converge con el principio budista de la interdependencia, según el cual "nada existe por sí mismo": todo es relación. Así, lo creado no es independiente del Ser, sino su expresión relacional en el tiempo.


CONCLUSIÓN:

Una reflexión final. El "regreso" a lo simple: ser, vivir, manifestar.


El Ser no puede dejar de ser. No nace con el mundo ni desaparece con su fin. Vive sin necesitar forma, estas emergen como expresión y contenido.


Comprender esto no es una abstracción metafísica, sino una forma de ver y habitar el mundo: vivir conscientemente desde el Ser es reconocer que no hay afuera ni adentro, nada que poseer ni nada que temer. En esta visión, la espiritualidad no se opone a lo conceptualizado como mundo, sino que lo revela como la danza sutil de una "presencia" que nunca cesa.


Hemos recorrido un camino desde la afirmación de que "En el Ser no hay posibilidad de no ser" hasta la comprensión de que lo que es "vive, y el vivir mueve lo creado". La filosofía y la espiritualidad comparada nos muestran que la unidad primordial es una constante en diversas tradiciones, mientras que la meditación ofrece una vía práctica para vivir directamente la ausencia de dualidad y la propia naturaleza inherente.


Comprender que "hay dos en lo creado y no somos dos", a la par que, "el diseño de la existencia es un flujo ininterrumpido", puede transformar radicalmente nuestra percepción del mundo. Nos invita a soltar las ilusiones de separación, a reconocer nuestra profunda interconexión con todo lo que existe y a vivir con mayor coherencia y paz.


Esta verdad simple y profunda, nos recuerda que la esencia de la vida ya está presente, plena y completa, siempre disponible para ser reconocida más allá de la mente que intenta fragmentarla.
Publicado martes, 13.05.25
Escrito martes 13.05.25 a las 06h 06'
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MÁS ALLÁ DE LA PERCEPCIÓN 

Sobre eso que es. Donde lo incondicionado vive y fluye. 
(Si bien Sheldrake y Bohm son controvertidos en la academia, los he citado aquí porque, a mi ver, concuerdan ante esa exposición) 


Antes de toda percepción y más allá de todo perceptor, hay un "algo" que late y vive por sí mismo. Esta realidad -no sujeta a categorías conceptuales ni perceptuales- tiene vida propia donde nada le falta y nada retiene: los valores se dan "per se". Es lo innombrable desde el cual todo deviene.

Antes de toda experiencia cognitiva o sensorial, antes de todo sujeto que percibe o contenido percibido, hay una realidad viva, sin carencia ni acumulación. Esta realidad no se define por sus manifestaciones, sino que se expresa a través de ellas sin agotarse. En palabras de Fritjof Capra (The Web of life 1996), "la nueva visión de la realidad reconoce al universo no como una máquina compuesta de partes, sino como una red dinámica de relaciones inseparables", Esta red, sin centro ni periferia, no requiere un observador externo: es total en acto. Las manifestaciones emergen de y en ella como efecto intrínseco, no como construcciones de procesos.   

Lo inmaculado en que todo fluye


En este trasfondo sin nombre, lo inverosímil acontece: lo que no puede ser dicho ni poseído, aflora como totalidad. En este espacio sin centro, ni siquiera el silencio es un límite. Lao Tsé  lo expresa al decir: "El Tao es el refugio de todas las cosas; es lo velado y lo inmaculado" (Tao Te Ching, cap 62). "es el vacío del cuenco que lo hace útil" (cap 11).  Nada se queda para sí: todo pasa y sigue. También dice: "El Tao fluye por todas partes y, sin embargo, no se llena ni se vacía" (Tao Te Ching, cap 4). 
Las teorías de Rupert Sheldrake sobre campos mórficos (2012) resuenan aquí, propone que las formas no surgen de moldes fijos, sino de "campos mórficos" que guían el desarrollo de los sistemas vivos desde un nivel no material. 



El Hogar ilimitado. Cumbre sin cima 

Al igual como el agua que no sabe que es mojada, esto que "es" no necesita reconocerse. En este vivir no hay un ir hacia "sí mismo" ni hacia ningún otro lugar. No hay un "afuera" desde el cual regresar, porque nunca se ha partido. El tiempo lineal -esa ilusión útil para la mente- se disuelve en la inmediatez de lo que es. llya Prigogine (El fin de las certidumbres 1997), al estudiar los sistemas lejos del equilibrio, mostró cómo la naturaleza genera orden desde el caos sin necesidad de una dirección predeterminada o diseño previo: el orden emerge desde la misma inestabilidad, desde la creatividad espontánea de lo real. Como dice un koan zen: ¿cómo era tu rostro antes de que tus padres nacieran? La pregunta no tiene respuesta, porque apunta a lo que nunca nace ni muere.

Así, lo que es, no necesita ir a ninguna parte para manifestarse. Simplemente se es y en cada punto es el hogar y sin punto un manifestar. En este sentido Nisargadatta Maharaj afirma: "Lo que tú llamas "yo" es solo un concepto que se interpone en tu verdadera naturaleza" "Usted es el hogar del que nunca ha salido" (I Am That, 1973).  El tiempo psicológico se disuelve en ese vivir, y en ello, toda proyección o búsqueda. Es como un vivir en la cumbre de una montaña nevada, sin que la montaña esté ahí. Ese vivir es sin causa, sin dirección, sin sujeto; no hay un progreso, sino un despliegue siempre espontáneo. Todo es hogar sin ser lugar. Este hogar no es un lugar: es la ausencia de toda necesidad de buscar.


La magnificencia sin forma. Lo que no se puede medir

Se trata de una magnificencia que no puede cuantificarse ni traducirse a fórmulas, es justo lo que sostiene toda métrica. No responde a modelos geométricos ni a cálculos predictivos. Va sin nombre ni medida y sigue. Albert Einstein, escribió: "la experiencia más hermosa que podemos tener es el misterio. Es la emoción esencial que está en la cuna del verdadero arte y de la ciencia" (Einstein, 1931). Este "misterio" no puede dividirse ni conocerse como objeto, porque incluye al conocedor. También escribió: "lo más incomprensible del universo es que sea comprensible" (sobre el método científico, 1934). Pero la comprensión aquí no es intelectual: es el reconocimiento de que, como dice Bohm, "la separación entre las cosas es una ilusión". En este vivir cada instante es un fractal de la totalidad que contiene. 

Hildegarda de Bingen lo cantó: "Dios es un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna".

Vivir esta realidad es estar en ese algo eterno sin parangón, en que todo está hecho y por hacer a la vez. No hay horizonte, ni curvatura, ni algo definido: es ilimitado e intangible; no hay ángulo ni recta ni coordenadas. Sólo puede vivirse: sin dentro ni fuera.  


Donde el Amor es. Ciencia y mística en el umbral. Donde la ola es el mar.

Nada de lo conocido ocurre en "eso" como fenómeno separado. Todo lo que se da es "innascible:" sin origen en el tiempo. 

Sheldrake propone que los sistemas vivos heredan hábitos del universo, no instrucciones mecánicas, y que la actividad está en la base de la evolución; lo que concuerda con la mística: lo real se da sin cálculo, sin origen ni meta. Rumi expresa esta paradoja poética: "Nacimos del lugar donde no hay nacimiento, y allí seguimos estando". Semejantemente,  David Bohm lo llama el "orden implicado", una totalidad que contiene todas las formas posibles de manera no manifiesta, y en la cual "la separación entre las cosas es una ilusión útil, pero no real" (Totalidad y el orden implicado 1980). 

En ese vivir, al poder decir: "cada gota es diamantina" refleja la totalidad sin fragmentarse. Cada ola es Amor no como emoción, sino como totalidad en acto. Aquí convergen la mística y la ciencia.

Conclusión: Vivir lo que ya es

Este vivir es la trascendencia del entendimiento intelectual: no se trata de alcanzar, sino de soltar la ilusión de que hay algo que alcanzar, es apertura a soltar lo creído. Ni la ciencia ni la espiritualidad pueden mapearla; solo señalar hacia donde el mapa se quema. Es el reconocimiento de que siempre ha estado ahí, sin necesidad de nombres, caminos ni centros. 

Vivir lo innominado no es retirarse del mundo, sino dejar de proyectarse sobre él. Es vivir desde ese "algo" que no se fragmenta entre sujeto y objeto, entre dentro y fuera. 

Capra (1996) subraya que en el nuevo paradigma científico "la mente y la materia ya no se ven como entidades separadas, sino como aspectos complementarios de una misma realidad". Rumi lo expresó así: "No estás como gota en el océano. Eres el océano en una gota". En ambas perspectivas, la espiritualidad no se opone a la ciencia: ambas buscan la verdad de lo real más allá de lo aparente. 
Como el espacio que permite a las aves volar pero nunca es atrapado por su vuelo, esto que es ya está aquí: sin nombre, sin pasado. Chuang Tzu lo celebró: "El Tao no necesita ser dicho; lo dicho no es el Tao"

El Ser no necesita sostén, porque ya es. Vivir desde el Ser, teniendo en cuenta lo expuesto, no es una forma de escapar, sino de participar plenamente en la danza sutil del universo, donde cada instante es una oportunidad para vivir lo innombrable y un reconocerse en la totalidad misma sin final, sin centro ni periferia.
 
Publicado domingo 11.05.25
Escrito,    domingo 11.05.25
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Ver sin el que ve. El paso a lo inclusivo. Una doble mirada en la existencia.

Separación en lo fenoménico:


Cuando estamos en el cambio estamos en lo manifestado, en el plano fenoménico. Aquí, la experiencia se define por la separación y la individualidad. Actuamos mientras pensamos, sentimos y hablamos desde la perspectiva de un "alguien individual" que se percibe distinto de su entorno que puede mirar y ver. Y tenemos esta opción de quedarnos ahí, donde hay "lo uno, lo otro y lo de más allá", aquí donde la distancia se establece, el espacio y el tiempo nos configuran y nos distinguen de los demás. Donde el individualismo emerge como límite.

Esta es la realidad que la mente dualista percibe: un universo de objetos y sujetos separados, donde el observador es distinto de lo observado. Es el terreno egoico, donde la identidad se construye a partir de la distinción y la relación con lo externo.

Aquello que no se nombra. Lo inmanifiesto. El motor silencioso:

Otra opción se sitúa a otro compás que, silencioso y previo, hace que todo ello funcione en lo cognoscible como una "fuente" o "trasfondo". Ese algo es independiente de las distinciones y separaciones que percibimos en lo fenoménico, pero paradójicamente, es lo que propicia que se de una nueva forma de mirar lo mensurable, tangible y nombrable y lo hace posible.

Aquí, me refiero, a un principio subyacente y unificador, que si bien incluye la manifestación en su espacio y tiempo, es su causa y fundamento.

Desde una perspectiva filosófica, podríamos relacionarlo con la Sustancia de Baruc Spinoza o el Tao de Lao Tsé, así como en el campo cuántico, el Orden Implicado de David Bhom. 

El actual filósofo Ken Wilber, uno de los principales exponentes del pensamiento integral, describe la realidad como una jerarquía de "holones" -entidades que son a la vez totalidades y partes de algo mayor- lo que implica que cada elemento del universo es un reflejo del todo, interconectado en una vasta red. "la realidad no está compuesta de cosas ni de procesos, sino de totalidades/partes", afirma Wilber, sugiriendo una unidad esencial que subyace a la multiplicidad. Una realidad que es el motor silencioso detrás de toda la dinámica del universo.


La mirada unificada: la verticalidad soltando al apreciador

Esta segunda alternativa es crucial: es el paso de lo fragmentado a lo unificado. Cuando se "vive esa segunda alternativa", se puede trascender la visión dualista. Al vivir "la causa sin causa" algo procede y para quien lo viva ya no se limita a ver el universo como una colección de partículas separadas, sino como una danza de partículas en la unidad con todos sus distingos y formas. Dicho en otras palabras, "se percibe a través del movimiento creado como partícula llamada 'universo' con todos sus distingos como manifestación de lo indiviso" seria una expresión de ese Ser unificado. Así pues, la multiplicidad no niega la fuente; la expresa. Lo creado no se opone a lo Uno; lo revela.

Para el ser humano, esto implica ir a la "médula columnar en lo vertical", una metáfora que sugiere un alineamiento interno profundo, una gestación en un "otro orden de cosas". La clave es: -mirar desde el origen de lo que se ve, soltando el que mira-.

Esa disolución del sujeto – objeto es un pilar en muchas tradiciones contemplativas. El místico persa Rumi, en su poesía sufí, a menudo evoca esta unidad, disolviendo las fronteras de lo individual: "No soy de este mundo, ni del que sigue. Mi lugar es el sin-lugar" (Rumi, Divan-e Shams-e Tabrizi). Esa expresión resuena con la "apreciación sin el apreciador. Es un vivir en que la identificación con lo creído de ser se ha disuelto.

La conexión cuántica y la inclusión como reconocimiento de si.

Este nivel de unidad no es ajeno a las exploraciones de la física cuántica, que, aunque se ocupa del mundo material, ha revelado una sorprendente conexión en el nivel subatómico. Conceptos como el entrelazamiento cuántico, donde partículas separadas permanecen conectadas sin importar la distancia, desafían nuestra percepción como objetos independientes. Históricamente, el filósofo y matemático Pitágoras y sus seguidores ya intuían una profunda unidad y armonía subyacente en el cosmos, creyendo que el universo podría entenderse a través de las relaciones numéricas y la música, revelando un orden cósmico unificado: "Todo está dispuesto según el número" (Pitágoras, fragmento).

Es en este punto de profunda integración donde "en ese vivir" reposaría el significado de "inclusivo": no como suma, sino como disolución de fronteras. No se trata de una inclusión mental o conceptual, sino de un vivir donde la aparente separación se disuelve en una unidad. Este "vivir" en el que se suelta al que mira y se aprecia sin el apreciador, es el paso inicial al reconocimiento de sí. Este "sí" no es de la parte individual, sino el Ser esencial que es idéntico siempre a ese "algo" que hace que todo tenga su lugar. Es un reconocimiento de que todo lo que existe, es una expresión de sí mismo en formas. La inclusión es la verdadera naturaleza de lo que es, donde la unidad es sin separativos, eco de la interconexión que la ciencia moderna va vislumbrando.
Publicado sábado 10.05.25
Escrito sábado 10.05.25 a las 04h 44'
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Es algo que no va hacia... ni tampoco viene de..., no retorna a lugar alguno, no entra ni sale y sigue ahí y sin edad aparece siempre nuevo, nunca es igual, nunca se repite y siempre es el mismo y contiene el tiempo, el espacio y cuanto se alberga en ellos. Es un Siempre en presente que vive y anida en lo incondicionado. Uno de sus aspectos como réplica de sí es lo que se da para la creación y, en esta, aparece como cambiante en lo mensurable para y como el ser humano. 
Publicado sábado 10.05.25   
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En esa creación, donde hay un quien hay un cómo. El quien se dio por haber espacio y el cómo se realizó al haber tiempo. No habría el uno sin el otro.

Donde no hay ni uno ni otro, es un vivir que los mantiene en su durabilidad, comprende el espacio - tiempo y sus contenidos y esa es la misma paradoja de siempre a ser vivida por el ser humano. Vale decir, lo temporal en lo intemporal.

Para quien esté presente en el acto de ser consciente de esa paradoja, lo creado pasa a ser aparente y desaparece como tal para él. Sucede cuando tod@ identificador@ ha terminado y ocurre cuando se diluye toda identificación con lo creado. Entonces algo inusitado ocurre en lo esperado y es que toda creación es abarcada por lo increado que la sostiene sin distingos y comprendiendo todas las apariencias del cambio. 

Para quien sea, se lanza ese desafío a encontrarse viviendo y constatando lo que sería un nuevo paradigma respecto a lo que solemos llamar "Vida" siguiendo y viviendo en ella. 

Gracias Raquel
Publicado miércoles 23.04.25
Escrito miércoles 23.04.25 a las 04h 04'
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Cuando se expresa lo inconfundible se da en cualquier punto-instante del espacio-tiempo y en el origen de este último, se gesta desde la misma intensidad.

Es después que, ante su menester, disminuye en más o en menos la intensidad de la vibración según emanación de frecuencias en mayor o menor grado. Y es, desde ahí, que se deviene lo que llamamos "Vida" en más y menos densificación y según proceda para que lo llamado "creación" tenga lugar con sus características de cambio y los contenidos adecuados para que en ese universo estemos en formas como figuras visibles y lo no visible.

Sería todo un reto para quien pueda vivir ese algo "nuevo" respeto a toda concepción dada como inalterable. 

Publicado Martes 24.03.25 
Escrito 04.03.25 04h 44’
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En cualquier punto de ese Cosmos, se puede entrever el vivir "estar aquí y ahora", sería lo que carece de puntos y los contiene todos. Por eso, sin traslado alguno ya está aquí y es y permanece. 

Vivir no es una anécdota. Es el Sinfín conteniendo lo finito; dicho de otra manera, sería ser consciente de estar en lo creado como imagen y semejanza de sí mismo en lo increado y esa sería la paradoja citada desde nuestros ancestros.

Esta paradoja se diluye cuando se vive ese nuevo paradigma para lo habitual concebido.

Publicado lunes 24.03.25
Escrito dg 02.03.25 10h 10’PM
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Vivir es la ausencia de todo nombre, donde no hay ni suma ni resta, donde no hay añadidos.

Para el ser humano, sería eso sin fin con una Inteligencia más allá de toda idea de ella, con un Poder más allá de toda concepción, con un Amor más allá de todo lo concebible por ese nombre.

En “ello” se vive en una magnificencia de magnitud más allá de toda idea de infinito.

Es evidente que la concepción de evolución no tiene lugar en las creaciones. Lo nombrado en este sentido son índices de una aparente división o fragmentación.

Todo está “ahí” sin ocupar lugar alguno antes de todo creado, manifestado o expandido, esos sólo son diferentes verbos sustantivados.

Vivir es la ausencia como partícula, o gota por similitud, estando en cada una de ellas como creaciones; es como el océano que las contiene e impregna a la vez y el ser humano le sigue llamando una paradoja.

No es cuestión de entender. No hay entendedor ni preguntador ni buscador ni un "quien". Ni siquiera un cómo son realizados los actos ni los hechos. 

Ver, ser y vivir es lo mismo, pero el querer ver, ser, entender o vivir se hace desde lo dividido. Es como que un plano no puede ver ni ser un volumen, sin embargo, el volumen sigue estando ahí sin el veedor de planos.

Vivir, es la raíz de donde surge todo. Para el ser humano, la espontaneidad y su movimiento es una vía de conexión; su campo, el silencio centrado, donde se une la verticalidad y la horizontalidad como intención para quien se pone y va a ello. Después, lo que acontece incluye toda creación, lo cual implica ausencia de división.

Es vivible y se puede ser consciente de ello a la vez y es cuando para la esencia de lo que eres, la llamada “mente conceptual” ha terminado su función como tal, aun cuando el tiempo continúe para lo creado y para lo que conoces de ti, es decir, para quien sea que este leyendo.

Sería una invitación a vivir este paradigma respecto a lo concebido como condición humana.
Publicado domingo 23.03.25
Escrito martes 18.03.25
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